Wednesday, August 1, 2012

Momentos que pasaron veloces como la luz, como un chasquido. Aquellos que quedaron en lugares lejanos, o en alguna memoria. No se extrañan porque están en el olvido. Cuando aparecen, ya no son nuestros, sólo vagan por ahí, pero no nos pertenecen. Sitios, risas, llantos, después de un análisis fueron en vano. Disfrutes, consejos, palabras, algo más de lo cotidiano. Necesidades urgentes, malestares sin sentido. La búsqueda del ahora, encontrar un sentido. Hacer que cada instante sea la clave para destrabar el siguiente. Dejar las preguntas actuar en consecuencia de. Evitar la fantasía, vivir la realidad.

Saturday, July 7, 2012


Soledad en una cama fría, húmeda y con poca esperanza. Certeza que es difícil estar presente en un futuro distinto. Ilusión de que como premio al mérito aparezca el desenlace de una historia sin principio. Cerca o lejos no hay distancia. De ser preciso la diferencia es amplia. Contradicciones entre las palabras, la mente y el actuar. Sueños inalcanzables, límites impuestos sin sentido. La fuerza necesaria para alcanzar cualquier objetivo. Vitalidad plena para llegar más allá. No hay aliados, se busca alguno.

Thursday, June 7, 2012

Está aferrado a su mochila, no la suelta por nada. Da cuatro, cinco, como mucho ocho pasos y se detiene. Observa detalladamente. Su andar en principio es enérgico, pero va decayendo a medida que la curiosidad aumenta. Aunque haya pasado centenares de veces por esas calles, todos los días descubre algo nuevo. La barba con canas le da comezón. Se rasca con mucha violencia. Encuentra en las personas que pasan un detalle. Ese descubrimiento lo lleva a olvidar su cometido. Se dispersa. Sólo quiere encontrar la coincidencia entre las marcas que ve en los rostros.  Ropa gastada. Camisa con algunos manchones de barro o de alguna bebida. Zapatos muy precarios con varios kilómetros encima. Uñas percudidas. Labios cortados. Ojos celestes vidriosos. Claramente no sabe donde esta parado. Continua en su mundo. El juego de encontrar eso, ya esta lanzado. Nostalgia. Extraña mucho a alguien. Se nota en su expresión. Quiere encontrar y compartir. Miente. Se esconde. Corre. Tiene miedo. Esta agitado. Terco. Estéril busca. No encuentra sentido, pero busca. Camina: uno, dos, tres, cuatro, cinco pasos, se detiene. Mira para atrás. Recuerda las advertencias de la vida. Un tropezón, otro y sin vuelta atrás. Sigue con miedo. Sigue perdido. Nadie lo entiende. Nadie sabe bien quien es. Quiere volver por ese amor. Ese que generaba. Imposible. Vuelve a avanzar. El pasado lo retiene. Cometió errores. Tarde, pero está arrepentido. No sabe cómo, pero es tarde. No existe nada de la vida real que lo satisfaga. En su mochila tiene todo, por eso no la suelta. Fotos, papeles, teléfonos, diarios, videos, besos, caricias y algunos elementos encontrados que improvisados suelen salvarlo. La avenida es larga. Distintos  rostros se repiten. Ninguno se aparenta. Ya pasó. Ahora sólo queda seguir buscando.

Thursday, May 10, 2012

Un hasta luego

Caer en la realidad, mientras que los dones intactos brindados por la naturaleza juegan en contra. Recuerdos se mezclan con el presente y surgen como alternativa más práctica. Poner los pies en la tierra es confuso. Así es la misión. Una tarea tan complicada como inútil. Una mano, unas palabras, mil suspiros. Los ruidos son más fuertes, su eco es notorio. Los roces más sensibles, cada uno es una despedida. Esperanza, representada en  el aliento. La resignación esta presente, pero unidos no es eficaz. La distracción traiciona. Lo lleva. Lo toma de la mano. Lo lleva. Lo siente. Lo lleva. Hasta luego.

Wednesday, February 22, 2012

Al pasar



Partiendo de su sonrisa nace este relato. Vale la pena no perderse detalle alguno. Ya no importa que sea una típica mañana de verano donde el calor abunda y el aire es escaso. Se deja de lado la extensa y burda búsqueda de un reparo como alternativa para combatir las altas temperaturas. Los juegos de sombras y los pliegues en sus cachetes al momento de realizar tan bello acto, realmente inspiran. No sólo es perfecta sino que el ambiente la condimenta con la más coordinada paleta de colores. Por arte de magia hay frescura. Sus labios con algunas arrugas, forman un corazón. Te contagia. Hay paz. Las palpitaciones aumentan. Preguntas que nunca aparecieron en la cabeza están presentes. El  pensamiento egoísta que va a permanecer por siempre es recurrente. No hay forma que algo semejante cambie. Coraje y ambición por lo desconocido son sentimientos que se destacan. Querés saber más. Conocer hasta la más mínima y profunda mueca. El lunar estrategicamente ubicado. La magnificencia en su rostro. Cada parte fue pensada y combinada con el resto de forma armónica y alucinante. Te pone nervioso y algo incomodo. Pero sería tonto no actuar. Te obsesiona. La conciencia te atrapa y sabes que estar presente en esa perfecta expresión, es una oferta tan tentadora como adictiva. Pero sin lugar a duda, tener el privilegio de ser quien las provoque es lo más lindo que te puede pasar.

Thursday, December 8, 2011

Jubilados: ¿privilegio o Castigo?


No soy primerizo en esto, las numerosas veces que realicé este trámite me hice la misma pregunta: ¿Qué harían de no estar yo?. Para colmo de males, como una especie de maldición, siempre me acompaña una intensa lluvia.

Es martes pasadas las seis de la mañana. Entre bostezos y esquivando charcos, subo al colectivo, el primero de los tres medios de transporte que debo tomar para llegar a Remedios de Escalada. Allí se encuentra la central de zona sur del PAMI, donde voy en busca de una firma y un sello para acceder, valga la redundancia, a remedios oncológicos, que en cualquier farmacia son inaccesibles por el precio.

El segundo transporte es el Roca. Pese a estar incomodo, me entretengo, con el ruido de las pesadas gotas sobre el tren y se me hace imposible no imaginarlos en mi lugar. Una vez en Avellaneda, hago combinación con el eléctrico y luego de 50 minutos, desde que salí de mi hogar, logro llegar a destino. La idea más recurrente en ese momento es como, casi sin querer, me volví fundamental en sus vidas.

Son los primeros días de primavera y la tormenta de Santa Rosa, este año no le importa estar algo retrasada, y está causando estragos. Al llegar, con la satisfacción de haber madrugado pese que la lluvia me incentivaba a otra cosa, ingreso al enorme edificio ubicado en Av. Hipólito Irigoyen 6247, confiado de ser uno de los primeros. Dicha confianza transformada en ilusión, se desplomó enseguida al recibir el número 78 o sea, en relación al tiempo de espera, unas cinco horas, en resumen: toda la mañana.

Luego de bajar unas escaleras me encuentro con una habitación muy iluminada, pero sin ninguna ventana y con mucha humedad. Repleta de gente y con muy pocos asientos libres. Como primera impresión me genera encierro, pero a medida que pasa el tiempo me voy acostumbrando. Además de las sillas y la gente, hay cinco escritorios, unos muebles grandes llenos de papeles y dos puertas.

Un hombre muy atento, me dice sin dudar:
“¡Pibe! Sentate acá, yo soy el 77, venís después de mí”-.

El 77 resultó ser: Hugo César Pernía. Jubilado, 74 años y muy orgulloso de su vista que le permitió, pese a la lluvia, llegar con su Fiat Uno azul a destino. Esta casado hace más de 50 años con Rosa y es propietario por más de un cuarto de siglo de un comercio en el centro de Quilmes. Con mucha voluntad puso esa mañana a disposición del PAMI por la misma razón que yo: una firma y un sello. Luego de varias anécdotas de juvenales andazas con su auto, nuestro trato ya es de amistad. Similitudes en los gustos futbolísticos y conocidos en común solidificaron una prematura relación de confianza. Entre confesiones comienza a relatar el porque de su presencia en dicho establecimiento. Su mujer padece cáncer desde hace unos 12 años, y una inesperada anemia complica su estado de salud. Necesita de suma urgencia un alimento nutricional muy costoso, que a través de PAMI se puede tramitar de forma gratuita. Preocupado por el amor de su vida, Rosa, no duda en confirmar que el esfuerzo por hacer la cola, sin importar: la lluvia, el horario, ni la edad, valía la pena.

Por mi parte, le cuento que mi abuelo se encuentra enfermo y nadie en la familia puede realizar el trámite más que yo. Mi accionar le llama la atención porque en ningún momento deja de remarcarlo. A medida que la charla fue avanzando, comenzamos a analizar la realidad de la condición de ser mayores de edad e intentamos idear soluciones, para hacer más prácticos los trámites.

En medio de la charla, sus palabras se vuelven cada vez más agradables, y sus consejos más profundos:

“Hoy acá te das cuenta que todos llegamos a ser viejos. Ahora vos que sos pibe, lo único que tenés que hacer, es disfrutar la vida. Porque cuando tengas mi edad va a ser complicado”.

Al notar que la charla con Hugo es entretenida, los números cercanos comienzan a relatar su situación.

Es el caso del 69º: Ana María. Abuela de María, la menor de tres hermanas, quien a parte de ser nieta, era abogada. Ella, asesora a Ana en un reclamo por una silla de ruedas, de hace más de dos años para su esposo. Ana es muy verborrágica, enseguida encontró complicidad con la señora del número 68 y al quedar sin charla, se acopla a la nuestra.

Cada cuatro o cinco frases repite:
“¡Qué lindo tu gesto querido! Mi nieta no pudo venir porque es abogada. Debés amar a tus abuelos!”-.

A las ocho de la mañana se abrieron los box. Los empleados, entre medialunas, café y mate, empezaron a llamar a la gente. La primera en pasar es una señora corpulenta, de voz potente, con rulos color fuego y temperamental hasta para caminar. Debido a no contar con el recibo de cobro de la jubilación, no pudo realizar el trámite. Su enojo se hizo notar y entre insultos, se retira pegando un portazo.

La preocupación de los presentes por la falta de algún papel imprevisto, se refleja en los comentarios. El temor por la perdida de tiempo, después de tanto sacrificio es el tema del momento. Algunas señoras, empezaron a ver mi presencia segura de tener todo en regla, con cierta envidia. Así que decido salir a desayunar. El temporal no ha pasado, la lluvia es aún más intensa. En mi indecisión por salir o quedarme, observo el intento fallido de cinco valientes abuelos, que decidieron batir el clima. Algunos equipados con piloto, botas y paraguas, acudieron al centro de PAMI en busca de la firma y el sello. Pero al ser más de las 8.30 horas, es demasiado tarde. Esa injusticia, me quita el apetito y decido volver al lado de Hugo.

“Vengo de Banfield. Con este dolor de cintura por la humedad, y 71 primaveras, no me quedó otra que venir igual. Tengo a mi marido en cama y necesita unos analgésicos porque no da más. ¿Sabés si tengo que fotocopiar la receta?. No todos tenemos la suerte que tienen tus abuelos, con alguien tan bueno cómo vos”. - afirma la º62 quien confía en que mi respuesta sea la esperada, apelando a mi juventud para analizar el papelerío.

Casi como una radiografía, por mi respuesta amable y analítica al trámite de la número º62, se acerca el señor con el número 86, luego el 76, 75 y 79. Como forma de presentación, exponen sus problemas, me cuentan su trámite, como hicieron a pesar de la lluvia para llegar temprano y me comentan sus dudas. Por razones obvias yo no tengo todas las respuestas, pero más o menos colaboro y en cierto modo algunos se relajan.

Llaman al número 58, cerca de las 11 de la mañana. A un promedio aproximado de veinte números por hora, mi palpito sobre perder mitad de jornada dentro del PAMI, es una realidad. La empleada, una de las dos personas dispuestas a atender a otras 89 al cabo de este turno, se la ve muy poco accesible. La mayoría que rebota en su intento de recibir, la tan preciada firma con su respectivo sello, lo hace luego de enfrentar su escritorio. Al más mínimo error en la receta, su exagerada rigurosidad, llena de descontento a los abuelos que se retiran tras el saludo con cantito soberbio:

“¡Nos vemos cuando tengas todo completito abuelo/a!”- repite al bochar a la gente sin los papeles en regla.

Después de un rato largo, y favorecido por ráfagas de silencio, descubro el porque de la demora. Como lo hacen conmigo, cada uno que es llamado realiza la misma rutina. Comenta su condición, problema, etc., sólo para ser escuchado, comprendido y apremiado en el esfuerzo que muchos desde el anonimato realizan día a día y no son reconocidos.

Incomprendidos, tristes y cansados salen sin intentan una mínima queja. Resignados, saben que en menos de lo pensado, van a realizar nuevamente este esfuerzo, hoy sin sentido. Otros satisfechos, saludan y desean suerte a sus colegas de espera, con la esperanza de volverse a ver en alguna otra hipotética cola.

El otro empleado, el “accesible”, las abuelas tienen estrategias para convencerlo. Es un hombre de unos 40 años, con un marcado sobrepeso. Con cualquier tipo de alimento, un alfajor, galletitas, o alguna factura, conquistan su bondad y este sin dudas, pone sello y firma a cualquier receta. Todos desean ir con él y algunas experimentadas, llevan una vianda preparada como ofrenda.

Se acerca mi número, y la distancia generacional interfiere entre las charlas con Hugo. Sin emitir sonido nos quedamos atentos al entorno. Se escuchan ronquidos, quejas, chusmeríos y algunas risas. De vez en cuando tras una mirada cómplice, me comenta su realidad y las anexa a consejos que acaparan toda mi atención.

“Hace 12 años que hago trámites en PAMI. Cada día que vengo me siento más viejo. A mi edad las horas, capaz son días y las semanas, años. No puedo entender como se manejan tan mal en este lugar. Claro está, como digo siempre, no tienen idea de lo que es llevar tantos años encima. Sabés que divertido sería que se acerquen centros recreativos para que a través de juegos podamos sociabilizarnos con el resto de los jubilados. O que aparezca alguien con un poco de corazón, que te ayude a despejar la mente para que se deje de hablar de enfermedades y de muertes” - sugiere en voz potente con la ilusión de ser tomado en cuenta.

“Extraño mucho todos los buenos momentos de juventud, vitalidad y felicidad. Pero en vez de desperdiciar el tiempo con quejas sobre mi vejez, prefiero aprovechar la vida con la certeza de que en el final de mis días, esta me va a dar la chance, con sólo cerrar los ojos, de volver a todos esos hermosos recuerdos que recolecté en el camino” - reflexiona en forma de monólogo con mucha tranquilidad.

No es necesario interrumpirlo. Escuché cada palabra y las archivé en mi cabeza. Lo miro a los ojos y noto un dejo de satisfacción. Antes de que llegue el momento de pasar, en fortuna para él con el robusto y en mi desgracia con la señora me dice:

“Te espero y nos vamos juntos en el auto para Quilmes, ¡así no te mojás!” -

Entre chistes e intentando caer simpático tomo asiento en el box de la señora. Bajo la promesa de salir lo más rápido posible y no perder tiempo, le entrego todos los papeles sin preámbulos. Después de unos minutos de análisis, la meticulosa empleada, encuentra la falla. Falta el sello de la doctora de cabecera, o algo semejante que no llegué a entender bien. Sin dejarme lugar a reacción y en diminutivo me canta:

“¡Vení mañana tempranito querido! La próxima con todo completito... ¡79!” - grita llamando al siguiente número.

Con bronca, mientras espero que Hugo le entregue el alfajor triple de chocolate al empleado obeso, a cambio de la firma y el sello, entiendo cada palabra de sus consejos. Hasta me siento un poco más viejo. Esta frustración me lleva inevitablemente a pensar en mis abuelos y que duro hubiera sido para ellos pasar por esta situación. Como consuelo, tengo a mi juventud y todos los momentos que están por venir que se transformaran en recuerdos al llegar a ser viejo. Como advertencia, que muchas veces el ser jubilado puede ser un castigo.

Sunday, November 13, 2011

La fiesta de la luz


En la fiesta quien caminaba hacia la luz, sabía de antemano que era el siguiente en padecer. Conociendo el desenlace disfrutaron el estar juntos. Bailes y tragos generaban recuerdos inolvidables. En ningún momento reinaba la desesperación. Mareos y taquicardia empañaban esos intensos últimos segundos. Uno por uno, sin intención caían bajo la misma tentación. Caían tentados por la muerte.

Wednesday, September 21, 2011

Tuesday, June 14, 2011

La vida después del clásico


Diego Armando Díaz, cerca de cumplir 30 años yace en su cuarto frío, solitario y con muy pocos resquicios de luz. El fanatismo de su padre en los años '80 por el histórico diez de Boca, lo llevó a llamarlo así. Pero para él, más que un tributo, un homenaje al ídolo, llegó a confesar, que llevar dicho nombre compuesto, era una presión desagradable.
En estos días, parte de su rutina es recordar el pasado. Las imágenes bisagra de su vida se repiten una y otra vez en su cabeza. Busca explicaciones lógicas de su encierro, y todas desembocan en un responsable, Ramón Díaz, su progenitor.
Él, un metalúrgico, temperamental, violento y borracho. Sus prioridades eran Boca, el vino, los muchachos del sindicato y por último, su familia. Lucía tatuados, en el omóplato izquierdo la cara de Maradona, y en el gemelo derecho la firma de Riquelme. Su lugar en el mundo era la Bombonera, más precisamente la tribuna, en "la 12". Nunca compartieron nada, no se entendían. Todos los domingos, al volver de la cancha, entre golpes e insultos le hacía notar su decepción, su disgusto, sus diferencias. El soñaba con un hijo compinche, jugador de fútbol, fanático de Boca, pero el joven aborrecía todo eso, lo detestaba. Cada día que pasaba, sentía que ese no era su lugar. Culpaba a la suerte, a Dios y a todos los santos por hacerlo sufrir tanto.
A medida que pasaron los años, las inclinaciones de Diego eran cada vez más evidentes. Por la única razón que seguía bajo ese techo era por el amor mutuo e incondicional a su madre Marta, que los hacía inseparables. Ella era una encantadora ama de casa, que con su sonrisa y manos suaves lo protegía ante todo lo malo. Dueña de la receta de los mejores churros del barrio y muy buena consejera, siempre fue alguien especial. La extraña mucho, sobre todo para estas fechas. Lo único que lo reconforta en esta situación, es que sabe que ahora ella está feliz.
La oscuridad de su hogar lo obligaba a salir todas las noches con rumbo incierto, pero su retorno cerca de la madrugada tenía siempre el mismo desenlace: un padre alcohólico y frustrado, abusando de él.
Harto ya de su vida, decidió actuar. Era hora que conozcan la verdad, que sepan su secreto, no temió más nada. Se reveló contra el mundo machista que lo rodeaba, gritando cual era su condición. Buscó respeto, no quería ser más Diego Armando, él ahora es ella, es travesti, es Roxana.
Sigilosamente abrió el ropero de su madre y con muy buen gusto eligió las mejores prendas. Reemplazo el jean gastado por uno más ajustado, las zapatillas de marca por unos tacos aguja, soltó su pelo largo ondulado y maquillo su rostro con la perfección de una mujer. Con dos pares de medias improvisó unos voluptuosos pechos, se puso una remera a tono, tomó del cajón oculto de la mesa de luz de su padre un arma, la introdujo en una cartera de leopardo y aguardó.
Era domingo, y no fue uno más en la historia de los Díaz. Boca ganó 2 a 0 el clásico ante River. Algunos vecinos aseguran que Ramón entró a eso de las 22 a su casa como de costumbre, cantando canciones y marcando presencia en el barrio después de una victoria al eterno rival. A los pocos segundos, se escucharon un sinfin de detonaciones. La policía llegó al rato. Diego, con su nueva apariencia, se encontraba bañado en sangre y lágrimas, arrepentido sobre el cuerpo de su padre. Ya se acabaron los días tristes, ahora quedan los de soledad.