Sunday, April 10, 2011

Un lugar en San Juan



El sol de la tarde comienza a caer, dando pasos cancinos vuelve de su ahora ex trabajo. Este cachetazo lo deja inestable,  le hace conocer la frustración de la dependencia y su pensamiento más recurrente es la idea que muchas veces la vida es injusta. Con los ojos rojos y  la cabeza gacha de vergüenza, busca en los detalles de las baldozas una respuesta, una explicación. Su futuro cercano es complicado, miles de sueños y proyectos ahora serán más difíciles de lograr. Pero se tiene fé. Su brillantés y verborragia  lo colocaron un escalon más arriba que los otros. Con la perseveracia que lo caracteriza, puede alcanzar cualquier objetivo. Necesita una idea. En un parpadear y con la nubosidad en su mirada producto de las lagrimas, delante de él se presenta una seguidilla de árboles que enfrentados a las casas forman una especie de corredor. Las hojas favorecidas por el otoño hacen las veces de alfombra, que le invitan a seguir paso. Ese camino sombrío, con muy pocos huecos para que entre alguna gota de la última luz del día, le genera dudas y lo lleva a detener su andar. Inspeccionando su alrededor logra ubicarse, San Juan 392. Esa señal lo lleva a retomar su paso con un poco más de entusiasmo y con la ilusión de encontrar al final del camino, alguna sorpresa.

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