Thursday, June 7, 2012

Está aferrado a su mochila, no la suelta por nada. Da cuatro, cinco, como mucho ocho pasos y se detiene. Observa detalladamente. Su andar en principio es enérgico, pero va decayendo a medida que la curiosidad aumenta. Aunque haya pasado centenares de veces por esas calles, todos los días descubre algo nuevo. La barba con canas le da comezón. Se rasca con mucha violencia. Encuentra en las personas que pasan un detalle. Ese descubrimiento lo lleva a olvidar su cometido. Se dispersa. Sólo quiere encontrar la coincidencia entre las marcas que ve en los rostros.  Ropa gastada. Camisa con algunos manchones de barro o de alguna bebida. Zapatos muy precarios con varios kilómetros encima. Uñas percudidas. Labios cortados. Ojos celestes vidriosos. Claramente no sabe donde esta parado. Continua en su mundo. El juego de encontrar eso, ya esta lanzado. Nostalgia. Extraña mucho a alguien. Se nota en su expresión. Quiere encontrar y compartir. Miente. Se esconde. Corre. Tiene miedo. Esta agitado. Terco. Estéril busca. No encuentra sentido, pero busca. Camina: uno, dos, tres, cuatro, cinco pasos, se detiene. Mira para atrás. Recuerda las advertencias de la vida. Un tropezón, otro y sin vuelta atrás. Sigue con miedo. Sigue perdido. Nadie lo entiende. Nadie sabe bien quien es. Quiere volver por ese amor. Ese que generaba. Imposible. Vuelve a avanzar. El pasado lo retiene. Cometió errores. Tarde, pero está arrepentido. No sabe cómo, pero es tarde. No existe nada de la vida real que lo satisfaga. En su mochila tiene todo, por eso no la suelta. Fotos, papeles, teléfonos, diarios, videos, besos, caricias y algunos elementos encontrados que improvisados suelen salvarlo. La avenida es larga. Distintos  rostros se repiten. Ninguno se aparenta. Ya pasó. Ahora sólo queda seguir buscando.

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